EL DESBARATADO
Cuenta en sus crónicas de campaña, el libertador Simón Bolívar, que en su desplazamiento a la campaña del sur, saliendo del cantón de Buga para llegar a en una sola tornada hasta el cantón de Caloto, llegó hasta la rivera del río el Espejuelo. Este se encontraba enfurecido y bramaba ensordecedor no permitiendo el paso de la tropa y sus pertrechos. Ante esta disyuntiva, cuenta el narrador que sólo cupo esperar, pero que de pronto de manera insólita, el rio calmó su bramera quedando solo un pequeño hilo de agua que no mojaba ni los tobillos. Aprovechando esta coyuntura, el libertador dio la orden de avanzar; de primero, pasó la caballería, cuando estos pasaron sin novedad, se dispuso la avanzada de la artillería, eran casi cien piezas de cañones diferentes calibres y marcas desde las más antiguas hasta las más modernas; en su mayoría arrebatadas al ejército realista en las campañas de la Nueva Granada y Venezuela. Estaban cruzando el largo hilo que había dejado el río, cuando de pronto se escuchó un ruido sordo en la parte alta del río. La tropa apretó el paso y las primeras ganaron la orilla opuesta. Estando el grueso de la botería casi en medio del lecho del río, el ruido se volvió ensordecedor, los soldados volvieron la vista y aterrados vieron como una montaña de agua se les venía encima; asombrada la tropa ante tan espeluznante espectáculo, sólo atina a salir corriendo despavorida olvidándose de las pertrechas tratando sólo de salvar sus vidas. Los de la caballería y la infantería vieron como la montaña de agua y lodo arrastraba inmisericorde todo a su paso con la fuerza de mil volcanes, como si el infierno con todos sus demonios pasara por aquel pequeño riachuelo. Cinco minutos apenas duró aquella avalancha, el rumo ensordecedor se fue apaciguando dando paso a un murmullo. El general Bolívar esperó una hora más antes de enviar una comisión evaluadora. Después que con recelo llegaron hasta las riberas del río, comprobaron que el panorama era más que dantesco, el olor a lodo atosigaba el ambiente, impidiendo respirar normalmente y el lecho del río en un tramo de casi doscientos metros ofrecía un paisaje desolador y tenebroso; espantado la comisión, corrió a informar al libertador que de la gloriosa botería granadina, no quedaba ni la sombra. Recibido el informe personal maute, el libertador se fue a comprobar el suceso y su alma se llenó de congoja y desolación al confirmar que de su imponente artillería solo quedaba el nombre. Parado enfrente del macabro paisaje, su estado mayor le escuchó estas palabras: - ni siquiera el poderoso ejército español con todo su poder ha logrado hacerme tano daño en tan poco tiempo como este riachuelo de mierda. Me ha DESBARATADO toda mi artillería y no he podido hacer nada- desolado, acongojado, entristecido, el libertador paró en una piedra a gritar histérico: - me lo ha desbaratado…me lo ha desbaratado… - hasta enronquecer y exangüe se retiró de aquel lugar repitiendo en sordo quejido: -me lo ha desbaratado.
A partir de aquel momento, el río Espejuelo se conoció como el río que desbarató al ejército libertador. Y hoy se conoce como el Río Desbaratado.
jueves, 11 de junio de 2009
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